dissabte, 11 de febrer de 2012

MARY SANTPERE, CIRCO MELIES, HISTÒRIA SENTIMENTAL A TÍTOL PÒSTUM

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6 de noviembre de 2011
Siete retratos cinematográficos de Mary Santpere


María Santpere Hernáez, “Mary Santpere”(Barcelona, 1 de septiembre de 1913 - Madrid, 23 de septiembre de 1992)
Mary Santpere no tenía la más mínima intención de seguir la profesión de su padre. El prolífico productor y director catalán Ignacio F. Iquino, que entonces tenía un estudio fotográfico en Barcelona, habilitó la entreplanta para que su señora y la Mary pusieran un taller de sombrerería.





En 1937, en plena Guerra Civil, rueda Iquino un mediometraje cómico para el Sindicato de la Industria del Espectáculo en intento por parte de la FAI de diversificar un poco una oferta cinematográfica eminentemente propagandística. Es el debut de Mary Santpere en el cine y del que ella recuerda, sobre todo, el rodaje en exteriores en Montjuic y las merendolas que se pegaba el equipo en aquellos tiempos de carestía. Paquete, el fotógrafo público número 1 era un jovencísimo Paco Martínez Soria, que dará sus primeros pasos cinematográficos también de la mano de Iquino. La enorme estatura de Mary y su desparpajo –en la película viste pantalones- frente al apocamiento del menudo Martínez Soria, eran apuesta segura por la comicidad.





Iquino sigue emparejándolos mientras trabaja en Emisora Films. En Boda accidentada (Ignacio F, Iquino, 1943) Mary interpreta a la esposa de un tintinesco profesor Samuels (Martínez Soria) que es una copia al carbón del profesor Tornasol, perilla, gafas y despiste permanente incluidos.





En los años cincuenta los dos alcanzarían el estatus de estrellas, ocupando en el remake producido por Iquino de El difunto es un vivo (Juan Lladó, 1956) los puestos que en la versión de 1942 habían ocupado Antonio Vico y Mary Santamaría.







Ocasionalmente, interviene en películas de otros, como la recientemente vista en la carpa Los cuatro Robinsones (Eduardo G. Maroto, 1942) o la exitosa Botón de ancla (Ramón Torrado, 1948), donde encarna en compañía de María Isbert, a dos hermanas de Combarro irresistiblemente feas, aburridas y cursis con las que tienen que cargar Antonio Casal y Fernando Fernán-Gómez, mientras su amigo Jorge Mistral corteja al mismo tiempo a la angelical Isabel de Pomés y a la fatal Alicia Palacios. Con su tocaya Isbert coincidió la Santpere en estos años en la composición tipológica de extranjeras excéntricas, rígidas institutrices y esposas dominantes.







Ya con rango de protagonista absoluta o de cameísta estelar la vimos en Miss Cuplé (Pedro Lazaga, 1959), parodia de El último cuplé, en un vehículo creado a medida de su peculiar medida y La casa de los Martínez (Agustín Navarro, 1971), en la que pudimos verla en su etapa circense. También repasamos en su día sus colaboraciones cinematográficas con Alady , como La viudita ye-yé (Juan Bosch, 1968).





Dos papeles esperpénticos nos sirven para cerrar esta galería de retratos con la que pretendemos dar un repaso a la carrera cinematográfica de Mary Santpere. El primero es el de la hechicera titular de la zarzuela desorbitada Bruja, más que bruja (Fernando Fernán-Gómez, 1976).





El segundo, la tiránica marquesa de Leguineche en la segunda entrega de la trilogía “nacional” de Berlanga y Azcona: Patrimonio nacional (Luis G. Berlanga, 1981).