dimarts, 17 de gener de 2012

JESUS SILVA, HISTÒRIA SENTIMENTAL A TÍTOL PÒSTUM

JESUS SILVA (1933-2/9/2011)

www.payasoenrico.com
02/09/2011 - 17,34 h. / Ha fallecido el Padre Silva


Jesús-César Silva Méndez ( Ourense 1.933-2.011)


http://www.abc.es/20110902/sociedad/abci-padre-silva-201109021519.html#.TmD79iLpaFQ.facebook

Muere el padre Silva, fundador de la Ciudad de los Muchachos
La iniciativa se puso en marcha en 1956 para ayudar a niños con problemas y se extendió por diversos lugares del mundo
M. TRILLO / MADRID
Día 02/09/2011 - 17.15h

abc
El padre Silva rodeado de un grupo de jóvenes


El padre Silva, fundador de la Ciudad de los Muchachos, ha muerto hoy en Orense a los 77 años, rodeado de su familia. Según ha confirmado a ABC su hermano «Pocholo», Jesús César Silva ha fallecido a las 12 del mediodía de un derrame cerebral que le tenía «como en una campana de cristal, sin poder hablar ni caminar, pero con toda la inteligencia», por lo que «por fin descansa», ha afirmado.
La Ciudad de los Muchachos -Benposta-, en la provincia orensana, se puso en marcha en 1956 como un proyecto educativo para chicos con problemas que con el tiempo se extendió por distintos lugares del mundo. Llegó a formar allí, todavía en tiempos de Franco, una especie de «república independiente» en la que los chicos se autogestionaban, tenían su propia moneda y elegían a su alcalde.
El padre Silva creó también la Escuela de Circo de la Ciudad de los Muchachos, que fue lo que le dio su imagen más conocida.





17-11-1957 EL MUNDO DEPORTIVO

TEMAS DE CIRCO

Asistencia espiritual en el Circo Americano

No es solo en Francia y en Italia – y tal vez en otros paises – en donde la Iglesia se preocupe de la vida espiritual de los circenses. Tambien en España un sacerdote, asistido por la jerarquia, ha puesto sus efuerzos para auxiliar y alimentar la vida espiritual de las gentes del circo.
El sacerdote tenía que ser joven, lleno e entusiasmo y conocer a fondo, ya antes de empezar la misión, la psicología y los problemas de quienes trabajan en las pistas. Todas las condiciones reúnen don Jesús Cesar Silva, jovencísimo sacerdote gallego, sobrino de don Manuel Feijoo, el empresario del Circo Americano. Así, iniciada ya la tarea, el reverendo Silva ha podido merecer el apelativo acariciado: el de capellán de circo.
Nieto de don Secundino Feijoo, uno de los más importantes empresarios circenses de antaño – al que sucedió don Manuel, su hijo -, el reverendo Silva nació, casi sin exageración, bajo las lonas del circo. Lleva serrín de las pistas en sus venas, puede asegurarse simbólicamente, con una total exactitud. Así, don Jesús Cesar Silva no resulta un intruso, faltado de información. El capellán del circo es un circense más, ocupado de la más alta misión.
A pesar de que su biografía, por la extremada juventud del sacerdote, no pueda aún mostrar el relleno de muchas páginas, don Jesús Cesar Silva ya ha convivido con el personal de circos diversos: el Atlas, el California. Sus contactos más dilatados, con todo, han sido los que ha tenido con el Circo Americano. Con los artistas contratados por los señores Feijoo y Castilla, el capellán ha convivido muchas semanas. Durante la convivencia, el Americano ha tenido misa todos los domingos, celebrada en la misma pista, bajo la lona.
No solo ha existido la misa, a la que han asistido siempre todos los artistas del programa y empleados. El capellán se ha preocupado de las Primeras Comuniones, de la frecuencia con que comulgan todos y de las confesiones asiduas. Para las confesiones, todos los momentos han sido buenos. Sobre el serrín mismo, muchas veces se ha arrodillado el augusto a punto para la actuación, con la cara embadurnada de pintura o el mozo ataviado con el guardapolvo.
Don Jesús Cesar Silva dedica al circo sus más puros entusiasmos. Su tarea, en algún sentido no dejará de ser fácil. La gente del circo tiene la bondad natural, vive civilmente en orden. Así, ningún esfuerzo resultará baldío. La dedicación del capellán del circo obtendrá siempre unas totales compensaciones.

JORGE ELIAS


13-2-1958 EL MUNDO DEPORTIVO

TEMAS DE CIRCO
APOSTOLADO RELIGIOSO
El noviembre pasado publicamos un artículo en esta misma sección en el que indicábamos que los artistas y el personal del circo contaban ya con sacerdote propio, el reverendo Silva. Indicábamos que el joven capellán gallego, sobrino de un conocido empresario de circo, viajaba continuamente con las caravanas del espectáculo y que, instalado en una población, mientras la compañía daba sus funciones, la asistencia espiritual de los circenses no faltaba en ninguna ocasión. Todos los domingos, incluso, el Circo Americano al que el reverendo Silva está activamente vinculado, tenia su misa propia, celebrada bajo la misma lona de la tienda del espectáculo.
La presencia del llamado, por autonomasia, capellán del circo, no era en ningún caso pasiva, de simple observación. Durante la temporada, el reverendo Silva intervenía activamente en la vida religiosa de los circenses. Todas las ocasiones eran favorables para el apostolado: los momentos de libertad del artista, las pausas entre salida y salida a la pista. Así, una imagen corriente era la confesión de un empleado de la compañía, efectuada en un rincón de la instalación, sobre la tierra cubierta de serrín o de paja. Sin disponer de tiempo para desvestirse de sus ropas de trabajo y para quitarse la pintura de la cara, el artista olvidaba por unos momentos su quehacer más concreto y se ocupaba, ante el sacerdote sentado en simple silla corriente, del negocio importante del alma.
Con la llegada del invierno y clausura de las temporadas, el reverendo Silva, ocupado además de la dirección de la Ciudad de los Muchachos de Orense, ha tenido que perder contacto directo con las gentes a las que dedica sus mejores afanes. No ha renunciado el capellán, sin embargo, a las prerrogativas de su dedicación circense. El contacto no ha podido continuar siendo personal, con su presencia física entre los artistas. El magisterio tan solo ha continuado a través del vehículo de la letra impresa y así el empeño ha podido tener una total continuidad.
El reverendo Silva, en efecto, inició en diciembre pasado una colaboración seguida en las páginas de la revista barcelonesa “Circo”. En su sección trata de los problemas generales del espíritu, comunes a toda clase de lectores. Da a los artículos, sin embargo, un matiz netamente circense, dirigido especialmente a las gentes del circo. Así, a pesar de la imposibilidad de juntarse con las gentes a las que ha escogido, el propósito del capellán no sufre interrupción de ninguna clase.
Nos falta documentación para saber si en algún otro país existe colaboración literaria de un sacerdote dirigida a los artistas circenses. Sea como fuere, la actividad múltiple del reverendo Silva, original y abnegada, merece todos los plácemes. La asistencia a los circenses, de palabra o a través del artículo periodístico, tiene que ser saludada con alborozo. JORGE ELIAS

6-11-1960 EL MUNDO DEPORTIVO

TEMAS DE CIRCO

La asistencia religiosa
en el Circo Americano

Un joven sacerdote gallego, el Rvdo. Jesús Cesar Silva, ha merecido con todo derecho el apelativo de capellán de circo. El Rvdo. Silva se preocupa de la asistencia religiosa a los circenses y, en general, a todos los ambulantes: feriantes, etc. Establecido en Orense, hace continuas escapadas a los circos. Allí confiesa, celebra bautizos, primeras comuniones. Uno de los circos que más visita es el Americano y desde Galicia, el Rvdo. Silva, pudo ahora desplazarse a Barcelona. Y el pasado domingo, en la misma plaza de toros Monumental, bajo la lona del circo, se celebró, por primera vez en nuestra ciudad, una misa para una compañía circense.
El Rvdo. Silva no espera comodamente a que los fieles acudan a él. Es él, como ministro de la Iglesia, quien intenta dar siempre alcance a los que no acostumbrar a frecuentar la Iglesia. Los circenses, casi todos ellos son católicos – y los hay de todas las nacionalidades y todas las razas- olvidan a veces el cumplimiento del precepto dominical e, incluso, del pascual. El Rvdo. Silva se multiplica por remediar el lapsus. Y el pasado domingo, durante la celebración de la misa, vimos bajo el toldo del Circo Americano este espectáculo estupendo: un gran número de empleados y de artistas, acompañados por los directores del Circo, tomando la comunión.
Al tener que seguir a los circos persiguiendo información, hemos hallado muchas veces al Rvdo. Silva en funciones de su ministerio. Hemos coincidido con él en Madrid, en San Sebastián, recientemente en Lérida y en Manresa. Ha estado siempre en convivencia con los artistas y empleados. Su preocupación por los problemas de “las gentes de viaje” es auténtica. Estando con ellos, se convierte en un artista o un empleado más, ayudando, efectivamente, en los quehaceres. A así puede enseñar, con la vinculación a la vida de los nómadas, las verdades del Evangelio y los beneficios de la religión. Y, hermano de todos, sufriendo y alegrándose por motivos comunes, el Rvdo. Silva halla los máximos resultados de sus esfuerzos apostólicos.
Además de celebrar la misa y de administrar los sacramentos de la penitencia y de la comunión, en Logroño bautizó a una artista alemana, de veintiún años a la que también dio la primera comunión; en Zaragoza comulgó también un niño feriante de diez años; en Lérida, bautizó a un niño italiano, recién nacido. Y al celebrar la misa, casi toda la compañía entera hace acto de presencia, todos vencidos por la amorosa solicitud de la Iglesia y por el celo de su representante.
Este será uno de los motivos de la alegría íntima del circo: el de que todos los que forman parte de él se hallan en paz consigo mismos, cumplidos sus deberes civiles y religiosos. Y el Rvdo. Silva, capellán del circo, desarrollando sus actividades, no tan sólo en el Circo Americano, sino en todos los circos – grandes y pequeños- que van por España, ha dado a su vida apostólica un sentido utilísimo: el de ir, auténtico misionero, al encuentro de quienes están esperando, en lugar de quedar en la pasividad, soñando en unas visitas que sin él nunca o por lo menos casi nunca se realizarían.
JORGE ELIAS
28-7-1966 EL MUNDO DEPORTIVO

DEBUT DEL CIRCO JUVENIL
de la “Ciudad de los Muchachos” de ORENSE

En función de gran gala, presentóse en nuestra ciudad, en plena plaza de Cataluña, la compañía de circo de la “Ciudad de los Muchachos” de Orense. Dirigido e impulsado por el Rdo. Silva, el espectáculo fue titulado “Estrellas nuevas”. Es un título muy acertado, muy expresivo. Todos los actuantes son muchachos muy jóvenes que dan sus primeras batallas en el mundo del circo. Pero también la novedad resulta cierta en otros aspectos, novedad de y en material, novedad del estilo, novedad de los propósitos. En un brevísimo parlamento introductorio, el Rdo. Silva lo dijo muy gentilmente: que el circo de la “Ciudad de los Muchachos” daba el brindis de honor en Barcelona.
Podía haber resultado un espectáculo de poca monta, víctima de mil improvisaciones. Lo más cierto es que, si los niños de Orense supieron crear, a través de una educación perfecta, una “ciudad” del todo civilizada, también en cuanto a los estudios circenses han logrado un punto de madurez inverosímil.
Ahí es nada, tomando el circo como diversión, lograr en pocos meses, además de unos conocimientos muy completos, una puesta a punto que no tiene nada que envidiar a la de las formaciones profesionales y con muchas horas de vuelo en el mundo siempre maravillosos del circo. Todo, además, tiene categoría: los trajes, realmente preciosos, las luces, la música, las presentaciones. Incluso se resucitó lo que no puede perderse: lo que en el circo es llamada la barrera, o sea las dos filas de empleados – es este caso, infantiles, ataviados con absoluta propiedad – que dan paso solemne a los artistas que van a actuar.
El espectáculo está compuesto por los números siguientes: la “troupe” de 18 equilibristas-piramidistas, el fakir, los tres acróbatas cómicos en el suelo, los tres contorsionistas, una entrada cómica, los 7 bomberos o equilibristas sobre escaleras, una pareja de payasos, la noria humana y unos olímpicos equilibristas o poses plásticas. La segunda parte contiene: unos volantes, los chimpancés, tres malabaristas, ilusionismo, tres cowboys, un trío de payasos musicales y cinco icarios, terminado todo con la gran parada de la compañía. Ya queda demostrado: los niños actuantes son en gran cantidad, y los ejercicios, además de muy variados, responden a las especialidades circenses más genuinas, desarrolladas siempre con mucha simpatía y con la total seguridad y buena escuela pertenecientes a los nacidos bajo las gradas.
Nuestra ciudad, pues, después de varios días de espera, cuenta ya con lo que nunca tuvo hasta ahora ciudad española alguna: un programa de circo llevado y realizado únicamente por muchachos: un programa aún muy alegre, presentado con gusto exquisito y con una gran riqueza de medios y que permitirá a los barceloneses, en la presente parte central del verano, unas horas de estupendísima diversión, ocupadas en un aspecto nuevo, de la apertura de lo que siempre fue llamado la caja de las sorpresas.
Jorge ELIAS



30-7-1966 EL MUNDO DEPORTIVO

EL CIRCO ACTUALIZADO

CIRCO JUVENIL
La “Ciudad de los Muchachos”, de Orense (I)

Desde hace ya algunos años, el Rvdo. Silva merece con todo derecho el apelativo de capellán de circo. El joven sacerdote se fijó una meta: preocuparse de la asistencia religiosa a todos los circenses y, en general, a todos los ambulantes: feriantes, etc. Establecido en Orense, sus escapadas a los circos fueron continuas. Allí confesaba, celebraba bautizos, primeras comuniones. Introdujo una novedad: la celebración de la misma dentro del recinto del circo. Así lo vimos nosotros mismos hace ya algunos años. Desplazado él a Barcelona, celebró, por primera vez en nuestra ciudad, el día 23 de octubre de 1960, una misa bajo la lona del circo, instalado entonces en la plaza de toros La Monumental.
El Rvdo. Silva no espera cómodamente a que los fieles acudan a él. Es él, como ministro de la Iglesia, quien ha intentado siempre dar alcance a los que no acostumbran a frecuentar la iglesia. Los circenses, casi todos ellos católicos, olvidan a veces el cumplimiento del precepto dominical, e incluso, del pascual. El capellán del circo se dispuso siempre a poner remedio al lapsus. Y así vimos en Barcelona hará seis años, este espectáculo: bajo el toldo del Circo Americano, un gran número de empleados y artistas, acompañados por los directores de la compañía tomando la comunión.
La preocupación del Rvdo. Silva por los problemas de las gentes del viaje ha sido siempre auténtica. Estando con ellas, siempre se comprobó como un circense o un empleado más: ayudando efectivamente, por ejemplo, al montaje y desmontaje de la tienda. Y así pudo enseñar, con la vinculación a la vida de los nómadas, las verdades del Evangelio y las virtudes de la religión. Y, hermano de todos, sufriendo y alegrándose por motivos comunes, halló los resultados máximos de sus esfuerzos apostólicos.
Este será uno de los motivos de la alegría íntima del circo: el que todos los que forman parte de él se hallan en paz consigo mismos, cumpliendo los deberes civiles y religiosos. Y el Rvdo. Silva, capellán del circo, al desarrollar sus actividades, dio a su vida apostólica un sentido utilísimo: el de ir de misionero al encuentro de quienes están esperando, en lugar de quedar en la pasividad soñando en unas visitas que tal vez nunca, o por lo menos con mucho retraso, se realizarán.

Jorge ELIAS






31-7-1966 EL MUNDO DEPORTIVO

EL CIRCO ACTUALIZADO

EL CIRCO JUVENIL
de “La Ciudad de los Muchachos”, de Orense
(II)

Además de ocuparse de la asistencia religiosa en los circos, el Rvdo. Silva se encargó de la dirección de “La ciudad de los muchachos” de su población nativa, Orense. Dos actividades simultáneas, por lo tanto: sacerdote que estaba en contacto continuo con los ambulantes y que se ocupaba de otra ocupación: la de unos adolescentes.
“La ciudad de los muchachos” de Orense no fue nunca, ni mucho menos, un asilo. Nunca se aisló a sus moradores de las familias respectivas. No se les impuso un ambiente, no quiso jugarse a la tarea de la educación con todas las ventajas. Hubiese sido un asilo si los muchachos se encerraran durante el día y el año entero en la “ciudad”. También lo hubiese sido si se hubiese tratado de niños de poca edad. “La ciudad de los muchachos” de Orense fue ocupada sólo por adolescentes. Allí hubo escuelas y, principalmente, talleres de aprendizaje, siempre costeados exclusivamente por la misma “ciudad”. La educación, perseguida primordialmente a través del autogobierno. La “ciudad”, regida por los mismos muchachos, ausente totalmente la burocracia, tan abundante en otras partes y que tan grande carga representa a veces.
Los resultados fueron siempre satisfactorios. El Rvdo. Silva logró comunicar a todos la alegría de vivir, la alegría de saberse útiles, útiles a sí mismos y a sus semejantes. La predicación evangélica del amor tuvo en la “ciudad” una virtualidad absoluta; amor a sí mismos, a la dignidad humana; amor a los otros, a todos los de la comunidad de la “ciudad” y de toda la sociedad.
Una de las actividades que el Rvdo. Silva impuso siempre fue la de las representaciones circenses. En Orense creó el capellán una compañía de circo, representada principalmente por los payasos. Las funciones, realizadas por los mismos muchachos, no resultaron nunca raras. El circo, auténtica diversión, resulta también portador de alegría perpetua. Circense, capellán del circo, el Rvdo. Silva no desconoce la gran virtud del circo: la de comunicar pureza y bondad de corazón. Y sabía que sus muchachos, al igual que los que residen fuera de su “ciudad”, necesitan mucho amor y el estímulo constante de la alegría y de la bondad ajenas.

Jorge ELIAS

3-8-1966 EL MUNDO DEPORTIVO

EL CIRCO ACTUALIZADO

EL CIRCO JUVENIL
De “La Ciudad de los Muchachos”, de Orense (y III)
Hace dos inviernos, el reverendo Silva vino a visitarnos. Nos confió sus proyectos: ir a una etapa superior de las actividades circenses de su “ciudad”. Ya habían pasado los tiempos de la conveniencia de las simples representaciones esporádicas. Había decidido dar un gran paso: el de contar con circo propio y con compañía propia. Ya había puesto, en la enseñanza circense, los cimientos. Ahora convenía que la asignatura de los oficios contara con maestro idóneo. Lo que nos solicitaba era lo siguiente: que le halláramos un técnico que pudiera enseñar todas las especialidades del circo. Le constaba la dificultad del propósito. Confiaba, con todo, en nuestro conocimiento del mundo externo e interno del circo.
No lo pensamos dos veces, teníamos a la persona necesitada. Era un viejo artista, gran y completo conocedor del circo: Nani Frediani. El ya se dedicaba a la enseñanza. No resultaría difícil, además, en interesarle para desplazarse a Orense. Hicimos juntos la visita a Frediani y a su esposa y la oferta no cayó en saco roto, desde el primer momento interesó. Acordaron un breve plazo para reflexionar. Y, puestas ambas partes de acuerdo, Nani y su esposa Mercedes Guerra, también vieja artista, igualmente conocedora al dedillo de toda la técnica circense, se trasladaron a Orense y allí empezaron a enseñar a los que tendrían que enfrentarse con los públicos.
No fue posible precipitar la enseñanza y debutar el pasado año según era el propósito. Partiendo de cero, el camino a recorrer era larguísimo. Incluso se necesitaron más preceptores, los cuales tuvieron también que trasladarse a Orense. Pero el propósito fue logrado, formar una compañía y ponerla a punto para la representación. Sólo había que comprar una carpa, lo que es llamado un material, y disponerse para el viaje.
Conocedor de la hidalguía de los barceloneses, el reverendo Silva escogió nuestra ciudad para el debut total. Aquí viene la novedad: un circo llevado por todas partes por muchachos, des las subalternas hasta las de representación. En el mundo habrá algunos circos de tales características. Conocemos, por ejemplo, la existencia de un circo juvenil holandés llamado Elleboog. Es España, no: nunca se dio un circo llevado y realizado por muchachos. Ahora está aquí. El reverendo Silva no deja de ser el capellán de circo de siempre. La asistencia religiosa, por lo tanto, a los de la compañía continua del todo vigente. Pero el viejo enamorado del circo realizó el sueño; convertir a los muchachos de su “ciudad” en auténticos artistas del viaje.

Jorge ELIAS
3-8-1966 EL MUNDO
4-8-1966 EL MUNDO DEPORTIVO
EL CIRCO ACTUALIZADO

El Circo Juvenil que se instaló en la Plaza Cataluña
No es la primera vez que se instala un circo en plena plaza de Cataluña. Antes había allí uno permanente: eran otros tiempos y la misma urbanización de la plaza era diferente. Modernamente se hizo en plena Plaza de Cataluña una temporada de circo. Fue en el año 1944 para conmemorar la fecha de la terminación de la guerra. Se dio circo por todo lo alto, tres pistas actuando simultáneamente, un programa muy extenso, figuras de la categoría de los Rudi Llata y de los Rivels, a punto de emprender las giras por Europa que aún no han terminado.
También en fecha más reciente hubo circo en la Plaza de Cataluña. Fue hace dos años, en plena primavera. Se instaló allí, al aire libre, una compañía venida de América: la de los universitarios de Tallahassee (Florida), la cual, durante dos días, dio funciones benéficas.
Tales universitarios fueron por caminos inéditos: los de tomar el circo, aparte de hacerlo como diversión, como cultura. Los estudiantes, y principalmente los americanos, se entregan de lleno al deporte. Los de Tallahassee las emprendieron con el circo lo cual les permitió al igual que hacen los deportistas hacer sus viajecitos.
El reverendo Silva también ha pisado y pisa caminos inéditos: los de dar a los muchachos de su “ciudad”, aparte de la cultura general y los estudios técnicos, una capacitación circense. Resulta difícil asegurar si, una vez crecidos estos muchachos y logrados unos conocimientos completos, ingresarán en el profesionalismo de lleno convertidos con la formación de familias circenses, en gentes de viaje. Lo cierto es que una parte de los residentes en la Ciudad de los Muchachos de Orense han estrenado profesión o actividad: la de artistas de circo, incipientes pero ya con resultados espléndidos.
En “la Vanguardia”, del 28 de julio pasado, pudo leerse una noticia. Es la siguiente:
“En la asamblea del “Ente Nazionale Circhi” en Milán se ha decidido crear un centro escuela para que los niños del circo puedan tener una educación circense completa – hasta ahora siempre muy defectuosa – teniendo al mismo tiempo una casa y un refugio para que puedan sentirse útiles y activos. La vida de caravana está perdiendo cada vez más el carácter patriarcal que la caracterizaba, y los niños no reciben más educación que la que se desarrolla en torno a ellos. En el nuevo centro, los jóvenes aprenden de los mayores – según la tradición – toda la serie de saltos fundamentales, tendrán el primer contacto con el trapecio y aprenderán el “jonglage” de la acrobacia. Es ésta una útil iniciativa que servirá para elevar el nivel de los futuros espectáculos y evitar de este modo desilusiones en un público todavía favorable a este espectáculo”.
Resistámonos a la tentación de comentar la nota en su aspecto técnico a pesar de los confusionismos que, en su última parte, encierra. Limitémonos a hacer el paralelismo con la escuela de circenses fundada por el Rvdo. Silva. El sacerdocio no se emplea ahora en los que nacieron bajo la grada. Escogió a los niños casi al azar y con el único propósito de orientación. Pero también el viejo entusiasta por el circo se preocupó siempre, antes de que las virtudes circenses, de todas las humanas y formativas, desde las simplemente educativas hasta las intelectuales.
La conclusión es pues una: que si en un país de mucha densidad circense como es Italia se proyecta crear una escuela para los niños del circo, esta escuela existe ya, aun cuando vaya dedicada a los que no son “enfants de la balle”, en España. Ello, gracias a un esfuerzo solitario: el del Rvdo. Silva, director de la “Ciudad de los Muchachos”, de Orense. Jorge ELIAS
4-8-1966 EL MUNDO

22-8-1966 EL MUNDO DEPORTIVO
EL CIRCO JUVENIL
Espectáculo lleno de exquisiteces (y II)

En eso estábamos: en los aplausos con que el público corresponde a la exhibición de los artistas juveniles del circo de “La Ciudad de los Muchachos” de Orense. Los que aplauden expresan un profundo convencimiento: el de que aquello que acaba de serles ofrecido tiene calidad cierta, volumen importante, dimensión alta.
Los niños que actúan se sienten halagados y auténticamente agradecidos. Pero no experimentan, según hacen los vanidosos, una renovada confianza en sí mismos. Al fin y al cabo, los aplausos representan el premio normal. Disponiendo de buenos maestros circenses, los alumnos han estudiado de firme y saben que sus conocimientos les permiten salir airosos de todas las pruebas. A cada función, con todo, aparece la sorpresa. Es la de descubrir que el lenguaje que utilizan resulta inteligible, apto para las sensibilidades más finas.
Hay bastante motivo para el regocijo. En primer lugar, el atuendo de todos los que actúan y de los figurantes. Es de un gusto exquisito, de auténtica maestría de los diseñadores. Como si el hábito hiciera siempre el monje, en el cierto se da mucha importancia al traje de pista. El reverendo Silva dio plenamente en el clavo: vestir a los muchachos primorosamente. Ante las presentaciones deficientes, en muchísimos circos hemos tenido que arrugar el entrecejo. En el de “La Ciudad de los Muchachos” es hallable belleza y acierto por todo lo alto.
Después, elementos más impalpables: accesorios bien cuidados, mucho orden en la pista, celeridad en el desarrollo del programa. Pasa como en todas las elegancias verdaderas: que todo ello pasa muchas veces desapercibido. Que llegue, sin embargo, la nota disonante. Entonces se echará de menos la perfección perdida, se notará la falta de lo que pudo ser y no es.
También la orquesta, juvenil al igual que todas las partes de la ciudad ambulante. No es la de unos aprendices que persigan el acierto al azar. Siempre, instrumentistas que dominan el quehacer, que forman una auténtica entidad armónica y que no desdeñan el alarde virtuoso. También aquí se acierta totalmente en la diana. La música circense no puede resultar simplemente de relleno, sino que la orquesta es en el circo parte realmente esencial, ahora encajada plenamente en la categoría y creadora del clima vibrante y emotivo, esta vez no carente de probidad artística.
Finalmente, lo que ya se dijo: la gracia exquisita de la interpretación. La disciplina es dura, exigente del esfuerzo. Parece, sin embargo, como si los niños se produjeran en total libertad. En la interpretación escénica en general existe un grave peligro: el del amaneramiento. Entre los niños hay espontaneidad, viveza. Siempre resulta como si la caja de las sorpresas quedara por primera vez.
Las niñas francesas que nos acompañaron esta vez tenían razón: esto es mejor que el circo francés más emperifollado. El deleite es diferente, sólo dado en los poseedores de receptibilidad para la belleza más recóndita. Aquellos que se instalan en un café, silenciosos y aburridos, quizás hacen bien en no acercarse a la plaza de Cataluña: no sabrían comprender lo que allí se da. Jorge ELIAS
22-8-1966 EL MUNDO

148.- 27-8-1966 EL CIRCO ACTUALIZADO

LOS OLÍMPICOS, EQUILIBRISTAS
del circo de “La Ciudad de los Muchachos“ de Orense

Los muchachos que actúan en el circo que vino de Orense no se propusieron poco: imitar a los mayores gracias a sus maestros, en todo. No quisieron, pues, entonar en una octava más baja sino ir al unísono con las auténticas gentes del viaje, aun cuando fuera dando una versión diferente de cada uno de los números.
Dos muchachitos, pues, las emprendieron con las poses plásticas e hicieron lo que todos: combinarlas con los equilibrios manos a manos. Se convirtieron, así, en lo que en el circo es llamado olímpicos equilibristas.
Estos muchachitos son: Alfonso Delgado, de 14 años, el portor, y Tomás Martínez, de 11, el ágil. Ambos, estudiantes de bachillerato, Alfonso teniendo ya aprobados el primer curso y Tomás habiendo terminado el segundo. Tomás se convirtió en ágil circense por derecho propio. Su agilidad mental, no teniendo nada que ver con la levedad física, le permitió avanzar mucho, a pesar de sus pocos años, en los estudios.
Con la musculatura incipiente, los cuerpecillos de los niños no pueden resultar muy desarrollados. El descubrimiento ha sido éste: que el número queda bonito no por la belleza de la dimensión somática, sino la de las actitudes. Alta y fibrosa, la figura de los niños a medio crecer tiene una absoluta elegancia. Las composiciones plásticas, sin embargo, con los dos cuerpos permiten el auténtico deleite de los que contemplan.
Véanse, por ejemplo, las composiciones estatuarias. No tienen nada que envidiar a las de los mayores. El gesto, preciso; la actitud, correctísima; la expresividad de la pose, rotunda. No importa que la inmovilidad tenga que mantenerse durante varios segundos. Los dos niños no mueven ni un párpado y la estatua aparece como no viviente, tanta es la persistencia en el gesto y en la inmovilidad.
Pero las estatuas, lentamente, desarrollan una dinámica: los niños son, más aún que figuras inanimadas, olímpicos equilibristas. Las pequeñas musculaturas, así, se ponen en tensión después de la primera tensión estatuaria. Los dos niños buscan las fuerzas combinadas. El portor tiene que soportar al ágil; el ágil, tenderse sobre el portor. Alfonso y Tomás se despachan a las mil maravillas. No importa que los equilibrios sean difíciles. Ellos los realizan con limpieza y con seguridad.
El circo ha producido, una vez más, la sorpresa: la de hallar belleza creada por los hombres partiendo de una belleza viva que ya no fue creada por ellos.

Jorge ELIAS
27-8-1966 EL MUNDO

1-9-1966 EL MUNDO DEPORTIVO

EL CIRCO ACTUALIZADO
MIGUEL DEL VAL, MALABARISTA
en el circo de La Ciudad de los Muchachos”

En el programa del circo de "La ciudad de Muchachos" de Orense, un número sobresale por encima de todos: es el de malabares. Es ejecutado por Miguel del Cal, de 18 años de edad, nacido en Madrid. El número es excelente y gusta. Más que ningún otro, en él se da, además de arte o presentación - lo que también es llamado el saber vender -. Trabajo.
Miguel del Val da ahora sus primeros pasos por las pistas de los circos. En Madrid, en donde residía hasta ahora, entrenaba fuerte con mazas y antorchas. Fue captado por el Rvdo. Silva y en Barcelona ha dado, junto con los otros muchachos del programa, sus primeras actuaciones. En Orense hizo más: convertirse en profesor: ya tiene dos alumnos: son los que salen a la pista para adornar eficazmente el número.
Miguel del Val da la plena medida de sus conocimientos al actuar con tres mazas. El número no es elevado: la cantidad de mazas resulta corriente. Pero el artista incipiente se despacha con ellas a las mil maravillas. Su ritmo es excelente; su gracia, extraordinaria; su dominio, absoluto. Los espectadores son plenamente sensibles a lo que se da. Los aplausos interrumpen muy a menudo. Al final de cada ejercicio son abundantes, entusiastas.
Ahí es nada, por ejemplo, lanzar las mazas por la espalda. Miguel del Val hace bascular bellísimamente los brazos por detrás del cuerpo y la maza sube, da un mortal y queda recogida por delante, mientras la otra mano, desplazada atrás, ya ha hecho a su vez otro lanzamiento. En ningún caso existe algún movimiento precipitado sino que todo es suavidad y armonía, el recital convertido en auténtico deleite de todos.
Después, los lanzamientos con el empeine. La maza ha caído sobre el pié. Un impulso lateral y la maza sube. No hay vacilación alguna. Van cayendo, una a una, las mazas y todas vuelan, consecutivamente, por los aires, lanzadas y recogidas otra vez.
Miguel del Val incorpora una cuarta maza en sus ejercicios. Después juega, con las luces apagadas, con tres antorchas. Ya no son objetos los que van por el aire sino simples llamas. Las lenguas de fuego permiten seguir exactamente el camino que recorren. No es un camino con virajes redondos y suaves sino con la brusquedad de los mortales y la variación del recorrido azaroso.
El joven malabarista tiene mucho camino que recorrer: el de aumentar, por ejemplo, la cantidad de objetos, y hacer, además de las mazas y antorchas, aros, por ejemplo, y pelotas. De momento ya dispone de un número con cara y ojos, un número que puede quedar presentado en cualquier parte. Al igual que en los otros casos, Barcelona ha presenciado el estreno total de un nuevo artista. Cuando Miguel del Val sea plenamente figura, podremos recordar: nosotros estuvimos en su primera actuación pública.
Jorge ELIAS
1-9-1966 EL MUNDO

4-9-1966 EL MUNDO DEPORTIVO

EL CIRCO ACTUALIZADO

LOS PAYASOS INFANTILES
o un camino que puede resultar torcido

En el programa de circo de «La Ciudad de los Muchachos» aparecen unos clones, Romy y Tomy, o sea José Román y Tomás Cobeño, de 11 y 13 años, respectivamente. José, el clown o enharinado, presenta una versión muy agradable del tradicional "sabio": risueño, aplomado y con una caracterización y un atuendo de muy buen gusto. También Tomás. el augusto o «tonto», se despacha con excelente seguridad. El número gusta principalmente por la edad inverosímil de sus actores, merece el aplauso y el aliento.
Los dos niños pertenecen a «La Ciudad de los Muchachos» sólo desde que se formó la compañía de circo. En Madrid, en donde nacieron y en donde tienen la residencia habitua1, se dieron, en el transcurso de un año, mucho a conocer primeramente como dúo musical, después como pareja de payasos. Les marcaron el camino común: intercalar algunos chistes, hacer las muecas de siempre y terminar con la parte musical.
Hay que salir al paso de los consejos mal dados. Iniciar un carrera a base del estilo hablado al uso puede resultar un mal camino. Todo está aún por hacer. Que procuren los niños, pues, hacerlo bien. La meta no tiene que estar en los payasos del montón, habladores v musicales, sino en los parodistas. No hay que seguir el ejemplo de los intolerables contadores de chistes sino inspirarse en los mímicos: Don Saunders, los Rivels, el mismo Charlot del que se acaba de reponer en Barcelona «Candilejas».
Los payasos constituían antes, y lo constituyen ahora sólo muy excepcionalmente - caso Tonetti -, la parte básica y más importante de cualquier programa. Los niños tienen que aspirar a eso: a renovar y renovarse, a volver a la gloria antigua. Las tentaciones son grandes: someterse al trabajo fácil, utilizar la fácil comicidad verbal. Que piensen en los que adquirieron fama imperecedera: los Rico y Alex, los hermanos Díaz, de los cuales Emilio es un glorioso superviviente. Esos tenían auténtico talento. Exprimían, además, de continuo, la mollera. Al igual que todos los que, en cualquier actividad, han llegado muy alto, los que triunfaron en la pista fueron, principalmente, unos grandes trabajadores. José y Tomás, tienen que tomar esos ejemplos. El circo de «La Ciudad de los Muchachos" viene precisamente a parte de despertar nuevas vocaciones, a renovar el aire. Que también el aire los payasos resulte nuevo, De números de clones que, simplemente, pasen o que no pasen de ninguna de las formas ya estamos más que cansados. Don Saunders comprendió así y compuso un tipo inédito, exquisito.
Los dos pequeños clones del circo de «La Ciudad de los Muchachos» se permiten una broma que no puede tolerarse. El augusto explica que se desmayó una señora y que él le puso la mano sobre el corazón, a fin de comprobar si latía. "¿Latía?", pregunta el clown. «La tía», explica el augusto, "me arreó un castañazo!».
No nos proponemos exagerar: el chistecito no resulta nada del otro mundo. Ahora: contado por unos niños de 11 y 13 años, dedicado a un público infantil y estando el número en el programa de un circo, dirigido por un sacerdote, pasa plenamente de la raya. Ya hicimos constar, verbalmente, al Rdo. Silva, nuestro parecer, y el chistecito ha continuado en la entrada. Es preciso insistir y hacerlo con mayor subrayado: esto no va, de ninguna de las formas. La pequeña malicia del chiste no cuadra entre almas candorosas.
Romy y Tomy tienen que recibir, además de los aplausos, algún coscorrón. Corren un grave peligro: e1 de la infatuación. Contra el saberlo todo, la humildad. Contra el creer que ya se ha llegado, el convencimiento de que la vida entera es un aprendizaje. Hemos observado un síntoma alarmante: el de la argumentación petulante de los pequeños artistas. Usan la misma lógica falsa de determinados payasos al uso, y lo hacen con la misma seguridad. Que quieran escuchar una voz distinta, una voz que es y quiere ser verdaderamente amiga. Mal enseñados, los pequeños José y Tomás no tienen la culpa de poseer ideas falsas. Tienen, sin embargo, que cambiarlas, y el camino que ahora es torcido puede resultar muy ancho, recto y que lleve directamente a la cima.
Jorge ELIAS


31-7-1966 EL MUNDO