dissabte, 7 de gener de 2012

MARY SANTPERE, CIRCO MELIES (2), HISTÒRIA SENTIMENTAL A TÍTOL PÒSTUM

30 de octubre de 2011
Varietés en un cabaret de la China




Los cuatro Robinsones (1939), Eduardo G. Maroto


Los cuatro Robinsones son cuatro maduros calaveras que se inventan un crucero para poder correrse una juerga sin sus señoras en compañía de la cancionista Concha Guerra (Olvido Rodríguez). Acuden para ello a una finca denominada “El Rincón” en la que, además de la interesada, se une a ellos su secretaria, una estrambótica extranjera con una margarita enhiesta en el moño, traje sastre, zapatos de golf y gafas de carey.





Es, lo han adivinado ustedes, nuestra Mary Santpere, que con la quinta botella de manzanilla ya está tocando las castañuelas y jaleándose a sí misma con un “¡Olé mi cuerpo!”.





Los juerguistas tienen la mala pata de que el barco en el que se suponía que se habían embarcado se vaya a pique por lo que deciden irse a las islas Columbretes, frente a Castellón, y fingirse náufragos hasta que los rescaten. Esperan que todo se solucione rápidamente gracias a la intermediación cómplice del secretario de uno de ellos, llamado Cándido Arenal (Antonio Vico). Pero a éste se le aparece el fantasma de Robinson Crusoe, que indignado por la deshonra que va a sufrir su nombre, le fuerza a no hacerles ningún caso.





Tras largos meses, los náufragos serán rescatados por un barco chino. Los crápulas terminan en un Oriente del “Loto Azul”. Acuciados de nuevo por el hambre, los cuatro Robinsones deciden montar un número de varietés callejero que les sirva para sufragar una colación.





Su triunfo les reporta un suculento contrato en el cabaret “Cha”, donde se presentan como “Los Cuatro Robinsones” ante un público de chinos de guardarropía, marineros de novela de a duro y exploradores con salacot que han equivocado la película.





Mary se apunta también a la parodia de baile español cuyo éxito permite a los cuatro Robinsones regresar a sus casas disfrazados de chinos y comprobar que sus viudas y socios no han tardado ni un segundo en olvidarlos. Todo termina más o menos felizmente con la boda del más joven de ellos con la cancionista y el escarmiento del secretario timorato.




En Los cuatro robinsones Eduardo García Maroto adapta una comedia de Pedro Muñoz Seca y Enrique García Álvarez de los años diez del pasado siglo que se había repuesto en numerosas ocasiones. Existía ya una versión muda de 1926 dirigida por el emigrado Reinhardt Blothner, pero a mediados de la década de los treinta la productora valenciana Cifesa prepara una nueva revisión que se frustra por el estallido de la contienda. Finalizada ésta y siendo Muñoz Seca uno de los “caídos” ilustres del bando franquista, parece lógico que Cifesa retome el proyecto y que se lo encargue a Maroto, que ha prestado diversos servicios a la casa durante estos años difíciles y que, además, fue uno de los más conspicuos cultivadores de la comedia durante la etapa republicana.





La penuria de medios de una posguerra de hambre, frío y miedo encuentra su correlato cómico a lo largo de toda la película, en la que se lleva la palma una fantasía musical en la que los náufragos sueñan con platos suculentos: “comer, comer, comer, comer / manjares deliciosos / con guisos exquisitos / y vinos olorosos, / ¡Ja, ja, ja!”. Según cuenta el director en sus memorias, algunos planos de las viandas sobreimpresionadas sobre los rostros de los náufragos quedaron desenfocadas. Pero cuando fueron a repetir el plano… ¡habían caído víctimas del famélico equipo!





La cinta tiene sus arritmias pero vale la pena por ver las interpretaciones de veteranos del teatro cómico como Pepe Calle y Manuel González, a la vedette Olvido Rodríguez, a la que vimos en Frivolinas, y, sobre todo, a dos excepcionales cómicos que darían lo mejor de sí en el cine de los años cuarenta y cincuenta: Antonio Vico y Alberto Romea. Lo de Mary Santpere es caso aparte. Entonces estaba empezando, apenas había hecho un mediometraje con Iquino en Barcelona. Mediado el rodaje, recibió en Aranjuez la noticia del repentino fallecimiento de su padre en la ciudad condal y una vez más se repitió la historia del payaso triste que debe reír mientras su corazón está destrozado.


Los cuatro Robinsones (1939), Eduardo G. Maroto
Director: Eduardo G. Maroto.
Guión: Eduardo G. Maroto, basado en la comedia homónima de Pedro Muñoz Seca y Enrique García Álvarez.
Intérpretes: José Calle (don Leoncio), Manuel González (don Crescencio), Alberto Romea (don Venancio), Olvido Rodríguez (Concha Guerra), Antonio Vico (Cándido Arenal), Mary Santpere (Mary), Emilio Gutiérrez (doctor Zaldívar), Francisco Blanco, Leonor Fábregas, Cándida Suárez, María Lacalle, Blanca Suárez, Manuel Espinosa, Luis Bellido, Pepe Gallego.
Blanco y negro. 94 min.